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Fútbol Juvenil • 27 abril 2022

Arango, un jugador de potrero

Nació en Necochea en 2005. Llegó al club con edad de Infantiles y llegó a Sexta División. Este año fue promovido a Reserva y lo anotaron en la lista de la Conmebol Libertadores.

Juan Pablo Arango se fue de su casa a los 12 años. Seis meses antes lo había fichado Estudiantes. En esa época entrenaba a distancia y se encontraba con sus compañeros solo para jugar los partidos del torneo. Viajaba mil kilómetros todos los domingos. Fue en 2018 cuando dejó a su familia, sus amigos, su tierra y se fue a vivir a la pensión del club.

Ese año, Estudiantes jugó la Copa Libertadores y quedó eliminado por penales en Octavos de final contra Gremio, vigente campeón de aquel entonces. Siete de los catorce jugadores que representaron al Pincha esa noche en Porto Alegre eran surgidos de las inferiores. Leandro Benítez, el entrenador, armó un equipo repleto de Juveniles alrededor de Mariano Andújar y Rodrigo Braña, los referentes.

Luego de cuatro años Estudiantes volvió a clasificar al máximo certamen continental. Con Ricardo Zielinski como Director Técnico y un plantel mixturado entre experiencia y juventud, el Pincha inició un nuevo camino. Andújar sigue como capitán y ya sin Braña en el equipo, aquel número 22 que quedó vacante se le dieron a un pibe de las inferiores, que nació en Necochea y dejó a su familia, sus amigos y su tierra para pelar por un sueño.

Uno de los técnicos que lo dirigió en Estudiantes dice que es de los jugadores a los que "no hay que sacarle el potrero que tienen". A los 17 años, juega los sábados para la Sexta División y, junto a Nehuén Benedetti -ambos de la 2005-, son los más jóvenes del plantel de Reserva.

"Yo también llegué en 2017, pero en octubre. A él no lo conocía porque no venía a entrenar. Antes de debutar, me dijeron ‘el domingo viene un compañero de Necochea que la rompe". El que habla es Gerónimo Spina, defensor central de la Sexta. Ese año, en Infantiles, los dos jugaban en la Liga Metropolitana, una competencia alternativa. "La descosía. Arrancaba de atrás y pasaba de a cinco jugadores. Era terrible la diferencia que marcaba".

Durante los primeros seis Meses en Estudiantes, Arango jugó sin conocer prácticamente a sus compañeros. Entrenaba en Necochea y viajaba para jugar en City Bell. En 2018 consiguió alojamiento en la pensión del Club. Empezó a entrenar todos los días con su categoría. Se ganó un lugar en el primer equipo. Le iba bien. Incluso, a mitad de temporada fue seleccionado para ir a Moscú a representar al club en un proyecto de la FIFA. Viajó en la semana previa al inicio del Mundial, jugó al fútbol con adolescentes de distintos países y presenció el partido inaugural: Rusia vs Arabia Saudita.

Su madre, Agostina Rolfi, cuenta lo difícil que fue para su familia experimentar aquel primer año a distancia. "Yo me moría de ganas de estar con él. Un montón de veces no pude decirle que lo extrañaba y otras cosas para evitar que sufra y no abandone su sueño". Más allá de la continuidad que había logrado, el desarraigo le pesaba. Su madre recuerda que "Él me decía ‘yo me voy, me voy’.  Yo estaba tan lejos que no sabía qué hacer para calmarlo. El técnico hablaba con él, con los psicólogos. Las cocineras le hablaban. Ahí me di cuenta que en el Club ellos no son un jugador más, cada uno es una persona y los tratan como tiene que ser. En cuanto a lo humano estoy orgullosa que haya elegido a Estudiantes.

EN LA ESCUELA Y EN LA CANCHA

Arango es un jugador desequilibrante. Rompe el molde con sus gambetas, es rápido, le pega bien de afuera del área. Cuando agarra la pelota en ataque da la sensación de que algo puede cambiar. Es entretenido verlo jugar. Fuera de la cancha, quienes lo conocen, dicen que es el jodón. Que es ocurrente, divertido en cualquier situación.

Andrés López es profesor en el Colegio de Estudiantes. Habla de lo que vivió con Arango en el aula, de su comportamiento, su personalidad. "Genera un clima relajado y eso es necesario en las estructuras como las que tienen los colegios. Como docente me pasaba que me hacía replantearme cosas. Siempre repreguntaba, que por qué se establecían los límites, por qué se hacían ciertas cosas y otras no. Y si no lo hacen los pibes nosotros lo pasamos por alto".

Además, López fue el Preparador Físico que tuvo Juan Pablo en Octava y la Séptima División. El entrenador en esos dos años fue Martín Gaimaro. Es decir, fue el último deté que tuvo antes de que lo suban a Reserva. Más allá del aspecto futbolístico, Gaimaro dice que Arango suma desde lo humano, que es positivo para el grupo. "Los que lo ven de afuera puede dar la sensación que es medio agrandado pero nada que ver. Es divino, se hace querer. La verdad que es un pibe muy correcto, con las cosas claras. Cuando hablábamos cosas personales no parecía que estábamos charlando con un pibe de 15 años".

VOLANTE CENTRAL, ENLACE, EXTREMO

Su primera posición fue mediocampista defensivo, ni bien llegó al club. Después empezó a jugar más arriba. En Pre Novena, Juan Vinaccia lo ponía de enganche y rendía. En un partido contra Huracán cambió el esquema y lo corrió a la banda izquierda. Arango no quería saber nada. Se largó a llorar de la bronca cuando terminó el partido. No había tocado ninguna pelota.

Al año siguiente pasó a jugar a Juveniles. Leandro Testa lo puso seis meses por el medio y en el otro semestre lo acomodó como volante por afuera. Fue su mejor rendimiento: hizo 12 goles y terminó como el goleador del equipo que llegó a la final.

Con Gaimaro ya se había asentado en esa posición, siempre desde la izquierda. En la última temporada hizo cinco goles en 13 partidos. Junto a Lucas Cornejo, fueron los goleadores de la categoría. En el 2022 Pablo Quatrocchi lo llamó para hacer la pretemporada en Reserva. Debutó en la Primera fecha contra Independiente, entró de suplente, en un partido que terminó 3-3.

Leandro Testa, el Pato, fue el primer director técnico que lo tuvo en Juveniles. Ha seguido con atención su progreso. Ve en Arango un jugador autosuficiente. Por su capacidad puede desarmar una defensa, quebrar el rumbo de un juego. Entiende que con los años ha incorporado herramientas para la displina táctica, pero tiene una chispa que lo diferencia de la media. "Es de los que rompen partidos. A esos no hay que sacarle el potrero que tienen, porque si no es todo muy mecanizado. Ya los jugadores son un robot. Juampi es de esos jugadores que cada vez hay menos".

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